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Porqué yo no soy masista PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Pablo Javier Deheza   
Viernes 05 de Agosto de 2016 00:00

Pablo Dehezapor Pablo Deheza

Me niego a que otros vengan a contar mi historia, nuestra historia, diciendo que porque uno no es masista es oligarca, resabio dictatorial, corrupto, reaccionario, retrógrado, separatista, terrorista, oveja negra, ladrón y cosas peores. Tengo mis razones para no ser masista y en medio de esas razones está la afirmación clara y sin ambages de todo aquello de lo que yo me trato y precio. Explico ahora estas razones. No soy masista porque soy un humanista. La concepción que tiene el MAS del ser humano es que éste es en tanto parte de una comunidad a la que se pertenece por vínculos étnicos. Yo entiendo al ser humano como celebración y afirmación de sí mismo frente al mundo.

Me parecen crueles e infames las sociedades en las que prima lo colectivo por encima de lo individual y en las que el individuo es reducido a engranaje en el juego por el poder de otros. Creo que si cualquier sociedad existe, ésta debe estar en función al hombre individual, al ciudadano. No soy masista porque creo en la República. Como creo en la República, creo que es en la ciudadanía en la que como hombres libres nos vamos a encontrar en igualdad de condiciones y bajo la noción de un ciudadano, un voto, con todo lo que ello implica. En la propuesta masista la ciudadanía como lugar posible de encuentro en igualdad de condiciones no existe. Al contrario, se establecen categorías de ciudadanos donde unos tienen más derechos que otros. No soy masista porque soy un demócrata. Dudo mucho que el MAS le tenga el más mínimo aprecio a la democracia. Su trayectoria no es democrática, sus métodos no son democráticos, sus cuadros no son democráticos, sus ideas no son democráticas. No son demócratas. De Evo se podrán decir muchas cosas buenas y malas, lo que nunca se podrá decir es que fue un demócrata. Yo creo en la democracia, cueste lo que cueste y a pesar de cualquier cosa. La democracia moderna es una manera de concebir la relación entre los ciudadanos y el estado, su participación; tiene que ver con leyes iguales y una institucionalidad seria, creíble y perdurable. El MAS es el artífice de la destrucción de la institucionalidad que hace posible la democracia. Evo ha perjurado la constitución y las leyes que juró defender. No soy masista porque mi vida está en la modernidad y no en el ayllu. Creo en un boliviano integrado a la realidad global y veo que no tiene porqué circunscribirse a una comunidad en las montañas cuando puede y debe ser un ciudadano del mundo. No creo en chasquis cuando existe Internet, en amarritos de cuerda cuando hay informática, en una mitología cuyo montaje es demagogia. No soy masista porque no soy de ninguna de las treinta y seis naciones que plantea el MAS –muchas de ellas menos que inexistentes-. Soy boliviano y dentro de lo boliviano soy esa cosa hermosa que es ser cruceño. Lo mío no son ritos en Los Andes, aptapis y aguayos. Lo mío son tardes de apaciguar la calor con un vaso de raspadillo, cuñapeses y empanadas de arroz en el kiosco Beni, ver el atardecer desde el segundo anillo y maravillarme con las flores de los tarumás. No soy ni nunca seré de una de esas treinta y seis naciones, solo soy boliviano y el resto son charlas. No le busco sexo a las piedras ni puedo leer las montañas; desde mi suelo cruceño ni las veo. Pero cuando mis pies se bañan tranquilos en las aguas del Piraí y veo tus huellas junto a las mías, amor, me conmueve la certeza renovada en la dinámica de la vida y precisamente porque nunca nos volveremos a bañar nuevamente en el mismo río, comprendo que la vida no es estática como una roca, sino agua que baila y fluye. No quiero ser roca, solo agua entre tus pies. No soy masista porque me siento muy bien hablando español. Les guste o no les guste a los masistas el español es nuestra piedra en común. Como dijo el buen Neruda: se llevaron todo y nos dejaron todo; nos dejaron las palabras. No veo ni la más mínima razón para dejarme colonizar teniendo que aprender alguna lengua autóctona. Tengo sangre mestiza y me siento orgulloso de que eso sea así y no pretendo fingir una pureza étnica que ni remotamente la tengo. Lo mejor que puede tener Bolivia es precisamente su mestizaje. El mismo carnaval de Oruro es obra criolla, mestiza de pura cepa, festejo del sincretismo. No soy masista porque soy un hijo de la civilización occidental. Y un muy orgulloso hijo de la misma. Yo afirmo los valores de occidente: la libertad del individuo; su derecho a la felicidad, al trabajo; el optimismo y la fe como maneras de ver el mundo. En el mundo masista existe lo comunitario como camisa de fuerza para el individuo, es un mundo gris y triste, lleno apenas de rencores y venganzas –su cohesión es el odio-; es un mundo que desprecia el progreso y la modernidad. Yo visto jeans, la banda sonora de mi vida es el rock –inglés de preferencia-, mi idioma es el nunca suficientemente agradecido castellano, por todas partes me acompaña el arte occidental, mis números son caracteres arábigos, sigo el cine de Hollywood, mi formación académica es occidental, la literatura que leo es occidental –¿Acaso hay literatura originaria?-, cuando voy a misa voy a un templo católico, me subo a taxis transformer, tomo Coca-Cola y me gustan las milanesas napolitanas. Y vivo plenamente mi bolivianidad: me gusta a media mañana un chorizo chuquisaqueño, bailo si suena taquirari o cueca, mi padre es cochabambino, mi madre chaqueña, mis hermanos de Santa Cruz y de Guayará, yo soy un cruceño más, almuerzo picante mixto y tomo mi café de la siesta con sonso y masaco, hice la universidad en Cochabamba, tengo familia y amigos en cada ciudad de Bolivia, me gustan Octavia, Track, Yalo Cuellar y Los Kjarkas, soy bluminista, leo a Wolfango, me encantó Zona Sur y finalmente me vale un pepino la falsa pero rendidora dicotomía camba/colla. Afirmo Bolivia, afirmo la bolivianidad, afirmo mi cruceñidad; son facetas de lo mismo, caras de la misma REPUBLICA.

 

Última actualización el Miércoles 17 de Agosto de 2016 17:53
 

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